domingo, 24 de noviembre de 2019

GIOCONDA BELLI



Gioconda Belli   (9 de diciembre de 1948,  Managua (Nicaragua).
 Vivió en el seno de una familia acomodada, segunda de cinco hermanos.
 Estudió en Managua, España y EEUU.
En 1967, contrajo matrimonio del que nacerá su hija primogénita. Desde sus primeros poemas que se publicaron en 1970 en el semanario cultural del diario La Prensa de su país, fue considerada revolucionaria en su manera de abordar el cuerpo y la sensualidad femenina.
En 1972, con su libro Sobre la grama, ganó el Premio de Poesía Mariano Fiallos Gil, el mas prestigioso de Nicaragua. 
 Fue una firme opositora a la dictadura de Somoza, por lo que tuvo que exiliarse a México y Costa Rica y se integró a las filas del FSLN, organización en la que militó desde 1970 hasta 1994, desde la que actuó como correo clandestino transportando armas y viajando por Europa y América Latina obteniendo recursos y divulgando la lucha sandinista.
 Se casó por segunda vez y tuvo otros dos hijos.
Tras el triunfo sandinista fue representante sandinista ante el Consejo Nacional de Partidos Políticos y portavoz  del  FSLN en la campaña electoral de ese año.
Dejó la vida política para dedicarse a escribir su primera novela, sin dejar nunca de lado la poesía.
Se casó por tercera vez en 1983, y tuvo otra hija. 
Algunas de sus obras:
En 1972, con su libro Sobre la grama, ganó el Premio de Poesía Mariano Fiallos Gil, el mas prestigioso de Nicaragua.
En 1978, obtuvo el prestigioso Premio Casa de las Américas (Cuba), en el género poesía por su libro Línea de Fuego.
  En 1988, publicó su primera novela La Mujer Habitada, que fue muy bien acogida.
 En 1990, se publicó la segunda novela, Sofía de los Presagios.
En 2001,  apareció en El País,  Bajo mi piel,  sobre sus vivencias durante los años de militancia sandinista.
 En 2008, publicó su novela El infinito en la palma de la mano, galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2008, de la editorial española Seix Barral, y  el Premio Sor Juana Inés de la Cruz.
En 2010, publicó El país de las mujeres y en 2014, El intenso calor de la luna.  

                                    «Consejos para la mujer fuerte»
                                                          Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.
 Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.
No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.
Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.
Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodéalo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas.
Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.
Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.
Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbrados
y el óxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero.
Guarda las distancias.
Constrúyete. Cuídate.
Atesora tu poder.
Defiéndelo.
                                                                      Hazlo por ti.                                                                       Te lo pido en nombre de todas nosotras.









jueves, 14 de noviembre de 2019

50 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JOAQUÍN ROMERO MURUBE


Resultado de imagen de joaquín romero murubeMi verdadera vocación es la de poeta, pero casi nadie lee mis libros, lo que suele ocurrir a todos los poetas de España.                                                                                                (J.R.M.)


La Casa de los Poetas y las Letras de Sevilla han promovido del 13 al 15 de este mes de noviembre,el ciclo «Memoria de Joaquín Romero Murube (1969-2019)» en el Espacio Santa Clara y la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras, para recordar y rendir homenaje rdias y la Generación del 27, atendiendo por un lado a la singularidad, evolución y actualidad de su creación a tan destacado autor sevillano, vinculado a las vangualiteraria en la poesía como en el articulismo o el ensayo, y por otro lado, a las claves y parámetros principales de su profunda y variada relación con la ciudad, en la que fue director del Real Alcázar, promotor de la vida cultural y académico, según señala el comunicado emitido al efecto por el ayuntamiento de Sevilla.

JOAQUÍN MORENO MURUBE (Los Palacios, Sevilla, 18 de julio de 1904 - 15 de noviembre 1964).

De familia acomodada, su padre, Rafael Romero, era presidente de la Diputación de Sevilla y de la Sociedad Económica de Amigos del País.

Pasó su niñez en cortijos y fincas familiares antes de trasladarse a Sevilla para estudiar el bachillerato con los jesuitas. Admirador la revista "Bética" (1913-1917), pronto frecuentó el Ateneo hispalense y en 1920 comenzó los estudios de derecho en la Universidad de Sevilla. Desde los años treinta hasta su muerte, fue conservador de los Reales Alcázares. Romero Murube, vivió la mayor parte de su vida en esa ciudad, a la que convirtió en centro de su obra.

Algunas de sus obras:

-   De 1923 y 1925, datan, respectivamente, sus tempranas novelas cortas "La tristeza del Conde Laurel" y "Hermanita Amapola". 
-   En 1924, apareció "Prosarios", su primer y aún modernista libro de prosa poética, pero de apunte costumbrista. 
-   En junio de 1926 fundó, junto a Alejandro Collantes, Juan Sierra, Rafael Laffón y  Rafael Porlán, la revista "Mediodía", de la que fue redactor jefe y uno de sus más asiduos colaboradores. 
-   En 1929, se publica "Sombra apasionada" donde combina  versos, prosas y aforismos. 
-   La influencia de Federico García Lorca, se hace patente en su segunda etapa poética , integrada por "Siete Romances" (1937), "Canción del Amante andaluz" (1941), Kasida del olvido (1945) y "Tierra y canción" (1948).
-   En 1938, publica el ensayo "Sevilla en los labios"

Sus últimos años los dedicó por entero a la literatura y al embellecimiento de los jardines del Alcázar, donde apadrinó tertulias y vivió rodeado de una corte de refinados poetas e intelectuales.

SEVILLA

Sevilla, cuando yo muera
no quiero ser tierra tuya.
Aire fino de tus barrios.
Soledad de tus clausuras.
Vuelo y canto de campanas
que suben a Dios su música.
Luz de la tarde dormida.
Jazmín de novia. Ternura
de madre joven, contenta.
Caridad dulce y oculta
que besa llagas y heridas
y no pregona sus luchas.
Casta de tu señorío.
Claridades sin penumbras.
Aroma, canto, saeta,
júbilo, oración, profunda
sabiduría sin norma.
Sencillez que nada oculta.
Sevilla, cuando yo muera
quiero ser tu gracia pura.

ACTIVIDADES PROGRAMADAS EN SU MEMORIA
- Miércoles, 13 a las 19 h. (espacio Sta. Clara): "Verso y prosa de Romero Murube"                                                                                                
- Jueves, 14 a las 19 h. (espacio Sta. Clara): "El hombre, el escritor, la ciudad" 
-  Viernes, 15 a las 19 h. ( sede de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras): "Joaquín Romero Murube, académico".   

miércoles, 13 de noviembre de 2019

175 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE FLORA TRISTÁN

Resultado de imagen de Obras de flora tristanFlora Célestine Thérèse Henriette Tristán y Moscoso Lesnais (Flora Tristán) (París; 7 de abril de 1803 - Burdeos; 14 de noviembre de 1844), fue una escritora, pensadora socialista y una de las fundadoras del feminismo.
Nació en una familia acomodada pero al morir su padre cuando ella tenía cuatro años, quedaron en la pobreza cuando el estado revolucionario francés no reconoció el derecho a los bienes a la viuda y a los hijos.
Pronto comienza a trabajar como obrera en un taller de litografía y con solo 17 años, se casa con el dueño de esta y tiene tres hijos (uno de ellos, Aline, será la madre del pintor Paul Gaugin). 
Ante la mala marcha del matrimonio, se separa de su marido y emigra a Inglaterra donde se emplea como criada de una familia inglesa e inicia una lucha legal por la custodia de sus hijos que le llevaría años.
Viaja por diversos países realizando todo tipo de trabajos y, a través de las malas experiencias que va viviendo, se despierta en ella el pensamiento y actitud revolucionaria que la convierten en precursora del movimiento feminista. 
En 1833, viaja a Perú, país natal de su padre, a reclamar la herencia de su padre pero solo consigue una pensión. Allí asiste a la guerra civil y comprueba las diferencias que existen entre las distintas clases sociales lo que afianza en su condición de defensora de los derechos y libertades de la clase obrera y de la mujer. 
Definitivamente, se libra de su marido cuando después de recibir un tiro por su parte, es condenado.
Después de un nuevo viaje a Londres, consigue penetrar en la cámara de los lores disfrazada de hombre para defender a los obreros que malvivían  en una sociedad que les daba la espalda. A ellos decide dedicar todo su esfuerzo y viaja por toda Francia apoyándolos.
El 14 de noviembre de 1844, fallece víctima del tifus con solo 41 años.
Sus ideas y sus vivencias quedaron reflejadas en una extensa obra entre la que cabe destacar Peregrinaciones de una paria, Paseos en París o La emancipación de la mujer.



En La emancipación de la mujer la autora instaba a luchar por la educación del proletariado y enlazaba la lucha de género con la de clase, al considerar inseparables la emancipación de la mujer y la liberación de la clase trabajadora:
Flora Tristán se convirtió así en la primera mujer en hablar del socialismo y de la lucha de clases, mucho antes que Karl Marx, hasta el punto de que a ella se le atribuye la autoría de la consigna: «¡Proletarios del mundo, uníos!».
«Escribo en nombre de quienes sufren, en nombre de quienes tienen hambre, en nombre de las inocentes víctimas del inmoral tráfico de un matrimonio concertado, en nombre de las mujeres a quienes arrancaron el corazón y que no se atreven a quejarse puesto que la sociedad las deshonrará condenando a regañadientes a sus agresores… Mujeres, vosotras, devoradas por la necesidad de amar, de actuar, de vivir, ¿permaneceréis en silencio y siempre apartadas?…La mujer (la mitad de la humanidad) ha sido expulsada de la Iglesia, de la ley, de la sociedad. Mujeres, hermanas nuestras, ¡no hagáis oídos sordos a nuestra llamada! ¿De qué os lamentáis ya que obedecéis?… Es fácil ceder, es fácil callarse, es el precio de estar tranquila y de ser honorable… Pues bien, ¡os digo que hay triunfo en la lucha!… En nuestra triste sociedad, la mujer es paria de nacimiento, sierva de condición, infeliz por deber… La mujer no nació para ser esclava, ¡sus derechos son los mismos que los de los hombres!… Uníos todas para reclamar justicia, y la obtendréis. Que no decaiga nunca vuestra protesta, que sea la de todas las voces, que tome todas las formas… Estad siempre juntas y preparadas para responder unas por otras, veréis hasta qué punto sois fuertes».












DE NUEVO, EDUARDO MENDOZA



Resultado de imagen de eduardo mendoza imagenes publicas
 Foto: Eldiario.es

Después de La aventura del tocador de señoras, nos hemos  vuelto a adentrar en otro de los títulos más celebrados de uno de los autores vivos más respetados por la crítica y público de nuestro país y uno de los más vendidos.

Su labor ha sido reconocida con numerosos premios entre los que destacan el Planeta y el Cervantes.

En esta ocasión, hemos tenido la oportunidad de leer La ciudad de los prodigios que nos ha proporcionado la oportunidad de debatir con entusiasmo en una sesión del Club sumamente provechosa.

El tiempo de lectura de La ciudad de los prodigios, ha coincidido con la última obra del prolífico escritor, El negociado del Ying y el Yang, segunda entrega, después de El rey recibe, de la que el propio Mendoza dice:

“Estas son unas no-memorias. Fragmentos de la vida de un personaje que transcurren sobre el telón de fondo de mi propia vida. El protagonista vive en los lugares y en los momentos que yo he vivido. Es una forma más entretenida de escribir no unas memorias, que es un género sumamente respetable pero que aquí no viene a cuento, sino un libro de recuerdos. Y no tanto de recuerdos, porque los recuerdos son lo que hoy retenemos de entonces, sino un intento de volver a estar allá, en aquellos lugares, en ese tiempo. De volver a esos lugares cuando eso sucedía”.








martes, 5 de noviembre de 2019

XVI CONGRESO DE LAS ASOCIACIONES DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA (ASALE)




Sevilla, del 4 al 8 de noviembre de 2019.


El Congreso dio  el pistoletazo de salida desde el teatro de la sede de la Fundación Cajasol con un preámbulo cultural que comenzó a las 16 horas y que abrieron Santiago Muñoz Machado, director de la RAE y presidente de la ASALE y Antonio Pulido, presidente de la Fundación Cajasol.

Participan delegaciones de las veintitrés academias de la lengua española de todo el mundo, que comparten la responsabilidad  de mantener la unidad y el buen uso del español, hoy patrimonio común de 580 millones de personas.

El congreso  se articula en dos partes: una académica de carácter interno, reservada a los miembros de las corporaciones de la ASALE, y otra cultural abierta a todos los ciudadanos.

 El amplio y variado conjunto de actividades culturales que ofrece el congreso constituye una iniciativa novedosa dirigida a fortalecer la relación de las academias con el conjunto de la sociedad y a potenciar la proyección de su acción panhispánica.  

Respaldado por la Fundación pro Real Academia Española, el congreso cuenta con el apoyo de numerosas instituciones y empresas.

Mario Vargas Llosa, Ida Vitale, Arturo Pérez-Reverte, Luisa Valenzuela, Leonardo Padura, Carme Riera o Juan Mayorga, son algunos de los nombres de la literatura en español que se darán cita en Sevilla en el XVI Congreso. Este evento se celebra cada cuatro años desde 1951 y ha tenido como sedes más recientes Ciudad de México, Panamá o Medellín.

Durante el Congreso también se llevará a cabo la reunión técnica de los académicos responsables de la 24ª edición del Diccionario de la Lengua Española (DLE) en cada una de las academias. Se espera contar con el nuevo diccionario para el año 2026, en digital y en papel aunque en este último formato podría ser en una edición limitada.

El próximo viernes 8 de noviembre, a partir del mediodía, tendrá lugar la ceremonia de clausura en el Centro de Convenciones de Cartuja (Cartuja Center) de Sevilla. El acto estará presidido por los Reyes de España.


SEDES DE LAS ACTIVIDADES DEL CONGRESO
·         Sede de la Fundación Cajasol
·         Ayuntamiento Universidad de Sevilla
·         Real Academia Sevillana de Buenas Letras
·         Casa de la Provincia
·         Teatro de la Capitanía General
·         Cartuja Center












lunes, 28 de octubre de 2019

CARMEN DE BURGOS, "COLOMBINE"






Carmen de Burgos (Almería, 1867 – Madrid, 1932)

Periodista, escritora y traductora, perteneciente a la Edad de Plata de la literatura española, en la que se incluye la Generación del 27, con figuras tan destacadas y conocidas como  como Unamuno, Valle-Inclán, Pío Baroja, Azorín, Antonio Machado… y de la que se ninguneó la memoria de mujeres de esta época, ejemplares, vanguardistas, valientes, artistas o políticas como fueron Sofía Casanova, Blanca de los Ríos, Concha Espina, María Goyri, María Lejárrag 
a, Isabel Oyarzábal, Pilar Millán Astray, María de Maeztu, Carmen Baroja y Nessi, Zenobia Camprubí, Clara Campoamor, Victoria Kent, Margarita Nelken, María Blanchard, Elena Fortún, Concha Méndez, Maruja Mallo, Ernestina Champourcín, Carmen Conde, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Mª Teresa León, Carmen Eva Nelken, María Zambrano, Remedios Varo, etc.

Carmen de Burgos es considerada como una de las precursoras del feminismo por su actitud vital, así como por sus ideas reformistas, que evolucionaron desde posturas más moderadas a posiciones más beligerantes en la defensa del divorcio, del sufragio universal, de la supresión de algunas leyes sexistas y del fomento de la libertad de la mujer a través de la educación y del asociacionismo.                               
 De familia numerosa acomodada, se casó con un periodista local. Trabajó como cajista en la imprenta que había heredado su marido hasta que se marchó a su casa paterna, debido a la insostenible situación familiar. Instalada allí acabó los estudios de magisterio y tras lograr el título de maestra, y las oposiciones correspondientes.

Empieza a combinar su tarea docente con la publicación de artículos en periódicos y revistas madrileñas.

Desde 1903 publica artículos bajo el epígrafe “Lecturas para las mujeres” en el Diario Universal, y se convierte en la primera mujer redactora de un periódico con columna fija. A partir de este momento, se la conocerá por el seudónim
o Colombine, propuesto por el director de la publicación, Augusto Fernández de Figueroa, que tenía el propósito de que Carmen de Burgos escribiera unas líneas livianas, dirigidas a las mujeres, que contrastarán con el tono sobrio del diario, pero la periodista aprovechó esta circunstancia para ir introduciendo paulatinamente temática feminista.
  
En 1906, recorre Europa gracias a una beca y fruto de ese viaje surgen una serie de artículos escritos en el Heraldo de Madrid, que reunirá en la obra Por Europa (1906). Es el primer libro de viajes que publicó. Además de los viajes, en la columna Femeninas, planteaba todo tipo de temas desde consejos para la mujer hasta reivindicaciones sociales, feministas o antibelicistas. Gracias a este periódico se convierte en la primera mujer corresponsal de guerra, ya que se trasladará a Marruecos para describir de primera mano lo acontecido allí.

Su experiencia será narrada en una de las novelas breve de la serie el “Cuento Semanal” titulado En la guerra (Episodios de Melilla). 

Carmen de Burgos firmó más de cuarenta títulos en colecciones similares como en la “Novela Corta”, la “Novela Semanal”, los “Contemporáneos”, la “Novela de Hoy”, el “Libro Popular” y la “Novela Mundial”. Los relatos le sirvieron para dar un tinte de ficción a sus reivindicaciones feministas.  

Por otro lado, derivado de los consejos que ofrece en su columna, surgen un gran número de manuales de uso práctico diversificados en distintos temas como el hogar (Moderno tratado de labores,  La protección y la higiene de los niños, La mujer en el hogar), la belleza femenina (Salud y belleza: secretos de higiene y tocador, Tesoro de la belleza,); la cocina (La cocina moderna, La cocina práctica, ) o el diseño de cartas (Modelos de cartas, Últimos modelos de cartas.)

 En 1909, publicará su primera novela larga titulada Los inadaptados. Seguirá cultivando este género con  La rampa, Los anticuarios , Los espirituados , La mujer fantástica , Quiero vivir mi vida.

Será nombrada profesora de la Escuela Normal Central de Madrid. Además, ya se encontrará integrada en el ambiente literario y cultural madrileño, donde crea su propio círculo denominado El Salón de Colombine. Esta tertulia reunía en su casa a escritores consagrados y a jóvenes promesas, fue la que propiciaría el acercamiento entre Carmen de Burgos y Ramón Gómez de la Serna, los cuales tuvieron una larga relación amorosa. 

La revista Crítica sale a la luz gracias a estos encuentros con la intención de hacerse eco de la cultura sefardí y de las nuevas tendencias literarias del país. Sin embargo, por motivos económicos tuvo una vida corta. Seguía publicando artículos en diferentes publicaciones como el ABC, la Esfera o el Heraldo de Madrid.
       

También, cultivó el género biográfico ( Giacomo Leopardi,  Fígaro…) e hizo traduciones del francés, del inglés y del italiano.

 En la década de los veinte, preside la asociación Cruzada de Mujeres Españolas, así como lidera la primera manifestación reivindicativa de las sufragistas en España y empieza a defender sus ideas en mítines y tribunas públicas. Fruto de esta dedicación es el libro titulado La mujer moderna y sus derechos . También, se afilia al Partido Republicado Radical Socialista, ya que había abandonado años antes el Partido Socialista Obrero Español por la decepción que le causó las discrepancias internas relacionadas con la reivindicación feminista del sufragio universal.  

Muere un año después de la proclamación de la Segunda República y consigue ver como algunas de sus reivindicaciones se llevan a cabo como el derecho al voto de las mujeres o la ley del divorcio, aunque no llega a ejercerlos.

Carmen de Burgos murió de un ataque al corazón durante uno de sus discursos sobre la cultura sexual en el Centro Socialista de Madrid.                




La muerte del recuerdo 


Sentado cerca de la lumbre, perezosamente envuelto en su pelliza, el viejo senador contemplaba cómo caía la nieve en el jardín.

Los delicados cristalillos prismáticos venían, en una lluvia de pétalos de jazmín, á cubrir con su blancura la desolada tristeza de los desnudos troncos, empavesados por la nieve, como si les envolviesen guirnaldas de misteriosas flores nacidas en el aire.   

Un criado anunció desde la puerta:

—El señor está servido.

Al mismo tiempo los cristales y el pavimento retemblaban con el rodar silencioso de las ruedas de un coche en el patio.

Perezosamente se rodeó el anciano al cuello la bufanda de piel forrada en seda; se abotonó el abrigo de arriba á abajo; introdujo en el bolsillo la tabaquera; afianzó sobre la nariz las gafas que ocultaban los hundidos ojos, y después de calarse reposadamente los guantes de piel, tomó el bastón y el sombrero, que le sostenía el “ayuda de cámara” y salió tapándose la boca con el pañuelo, tardo el paso, como si le costase trabajo dejar su gabinete en aquel día de frío.

 Un secretario alto, rubio, atildado, de patillas simétricas é irreprochable traje, se inclinó á su paso ceremoniosamente, esperando que el señor se dignase dirigirle la palabra; pero don Juan pasó sin mirarlo.

—¿Deja mandado algo el señor?—preguntó con timidez.

—Nada.

Ya el lacayo sujetaba abierta la portezuela del coche... 

El secretario volvió á inclinarse con esa rigidez de los aduladores, que parecen tener una articulación más en su espina dorsal para doblar servilmente el cuerpo, y el carruaje partió con el cadencioso trotar de su tronco normando.

Encendió un cigarro don Juan y se arrellanó sobre los almohadones azules, mientras el coche cruzaba las calles del Caballero de Gracia, de Peligros y Alcalá, para salir al Prado. Allí lucía con toda su hermosura la nieve. Grupos de chiquillos y mozalbetes corrían sobre ella, ensuciando con los pies su transparencia, contentos y satisfechos los pulmones de respirar aquel aire puro y sereno, cuya ligereza centuplicaba la actividad.

Perseguíanse unos á otros arrojándose puñados de nieve, que se deshacían en espuma blanca; rodaban algunos esas enormes bolas consagradas como imagen  de la murmuración y de la calumnia, porque según corren engruesan y se enlodan.

Varios artistas improvisados se entretenían en modelar con aquel mármol blando estatuas y caricaturas, con tanto esmero como si algunas horas más tarde su obra no hubiera de convertirse en agua sucia. Se respiraba la poesía de la blancura de la nieve, cuyo gran encanto consiste en su misma fragilidad, en lo inestable, en lo fantástico, lo ideal de su vida corta, símbolo de lo irrealizable, de lo soñado, de todas las ilusiones que no pueden detenerse.

 Había un rayo de envidia en los apagados ojos del viejo senador viendo á los muchachos correr, azotarse, caer y revolcarse sobre aquella alfombra, que se hundía á su peso como mullido vellón de lana, con crujido de cristalitos que se quiebran. Recordaba en su abrigado coche la época feliz de la infancia, de la adolescencia, cuando medio desnudo y hambriento jugaba entre los copos de nieve en el Retiro ó la Moncloa.

 ¡Cuán lejos estaba aquel tiempo! ¡Era una existencia pasada!

 Se recordaba con tristeza: no había nada de común entre él, don Juan, y aquel Juanillo de los primeros años de su vida. ¡Juanillo había muerto! Ni una molécula del cuerpo joven, fuerte, gracioso, quedaba en su pobre, achacosa y vieja armadura. Sólo escasas reminiscencias de la voluntad, de los afectos que el otro sintió vivían aún en  este.

Pensaba con terror que se muere varias veces antes que la descomposición final del individuo disgregue las moléculas de su cuerpo para formar otras combinaciones en el transcurso de los siglos. Sí; se muere varias veces. Cada una de las nuevas épocas de la vida, cada uno de esos cambios de costumbres, de afectos que se verifican en nosotros, es la muerte de nuestro propio ser, la renovación de un yo que expira. ¿Qué le quedaba de las edades anteriores? Tristeza, cansancio, desengaños, amargura de los recuerdos vividos, de aquellos desdoblamientos de su mismo ser ya sepultados.

Así la monotonía de la existencia nos aflige como una vejez anticipada y los cambios nos apenan. Lo que se separa, lo que se aleja, lo que se olvida, muere. Por eso es tan triste olvidar. Recordaba sus existencias pasadas: había muerto ya la niñez miserable y feliz, la adolescencia trabajosa y mezquina, la juventud de luchas, ambiciones... y hasta bajezas, con tal de sobresalir entre la vulgaridad de los comparsas humanos, nacidos para asistir á las representaciones de la vida de los demás, aplaudiendo ó censurando las comedias que se hacen á sus expensas, pero sin pasar jamás de las galerías al escenario.  Era aquella la época en que más había vivido el ciclo de las esperanzas, del amor...

Don Juan recordaba la imagen de una mujer que iluminó su vida con reflejos de ópalo.Sacrificó el amor á la ambición, á un casamiento que le abrió las puertas de la política y del gran mundo. Había logrado sus esperanzas: lujo, influencia, poderío, pero nunca volvió á ver á la mujer que amaba. Supo que era directora de un centro de enseñanza oficial en una provincia y que continuaba siempre soltera; pero el abandono de que la hizo víctima había sido tan infame, tan cobarde, que jamás se decidió á intentar una reconciliación, que seguramente hubiera sido rechazada.

Y sin embargo, ¡cuánto la había amado! ¡Cuántas veces la recordó en el solitario hogar de viudo sin hijos ni familia! En muchas ocasiones pensaba cuánta alegría pudo traer á aquella casa la mujer inolvidable, compañera de sus luchas y ambiciones juveniles... Hasta algún día tuvo intención de ir á buscarla, pedirle perdón, ser feliz con la dulce abnegación de aquella vestal de un amor único.

Unas veces, la reflexión de sus diferentes posiciones sociales triunfó de su sentimiento; otras las tareas urgentes del Parlamento y la organización del partido, aplazaron su resolución... Algunas, los éxitos y las ocupaciones se la hicieron olvidar.

¿Por qué surgía de nuevo en aquel día de invierno, entre la nieve de su ancianidad, la imagen de aquella mujer? Era una evocación extraña, una especie de telepatía, como si una corriente eléctrica le agitase. Por un momento creyó no estar solo, sentir un aliento á su lado, la proximidad de otro ser, de un fluido, de un pensamiento que solicítase con fuerza el suyo... Miró en torno sobresaltado. La figura de Alicia se conservaba en su memoria tal como la última vez que la vio: sonriente, tranquila, sin desconfiar de su amor; sin que ni un solo latido de su pecho le anunciase la perfidia del amante que la sacrificaba á la ambición.

 ¡Cuánto sufrió él también! Necesitó recordar todos los placeres que el mundo le ofrecería después del matrimonio, para consumar su traición. Hasta se engañó á sí mismo, para poderse ir, diciéndose que volvería de nuevo. ¡Pobre Alicia! Soportó su abandono sin un grito, sin una queja... no le molestó jamás... y sin embargo, él supo que no dejó de amarle nunca... Se lo habían asegurado viejos amigos... lo escuchaba siempre con satisfacción... Ya hacía muchos años que nadie le hablaba de la historia aquella... enterrada en un pasado remoto. Creía aún ver á Alicia con su belleza rubia, menudita, pálida, de rostro de marfil y manos de hostia, quebradiza y frágil como flor de almendro temprano. Le parecía que se acercaba á él con la mirada dulce de sus ojos claros, de extraños cambiantes de acero, tan ingenuos y tan puros como un lago que dejase ver el fondo limpio de sus pensamientos.

Ni por un momento le ocurrió nunca la idea de las transformaciones que habría operado el tiempo. La veía alta, erguida, grácil, con su talle delicado y esbelto.

Más de una vez volvió la cabeza en la calle al paso de una joven rubia, delgada y frágil, diciendo: ¿Será ella?

EL coche se detuvo en la puerta de los ministerios de Instrucción Pública y de Fomento. Dentro del gran patio de ladrillitos cuadrados, que desvanece con sus cambiantes de agua rizada, esperaban dos soberbios coches de ministro, con lacayos galoneados en el pescante. Los coches en que se suceden unos á otros. Por ir en ellos sacrificó él sus sentimientos más nobles, lo que no podría recobrar nunca en su triste vejez solitaria. ¡Han rodado la fe y la dignidad de tantas personas ante aquellos estribos!

Subió la escalera lentamente, tapándose la boca con el pañuelo y devolviendo los saludos sin pararse. A pesar del mal tiempo, la afluencia de pretendientes era grande. Los empleados iban de acá para allá, presurosos y de malhumor, rebuscando gacetas y reales órdenes entre el continuo tejer y destejer de una legislación que se pliega á todos los caprichos de los influyentes, á quienes se necesita complacer, sin reparar en la justicia de sus peticiones.

Un jefe de negociado, alto, de mal guarnecido cráneo y aspecto de necio satisfecho, se pavoneaba ante la mesa de su despacho. El senador le saludó con la mano, recordando cuántas veces se humilló en su presencia para obtener aquel puesto de pequeño tiranuelo, y penetró en la sala de espera.

—¿Aviso al señor subsecretario?—preguntó el portero.

—No; no tengo prisa; esperaré á que haya terminado su tarea—murmuró don Juan, sentándose en el ángulo del sofá, cerca de una ventana.

Quedaban unos diez visitantes, que iban siendo llamados por turno ante el subsecretario. La prontitud con que se hacían los llamamientos probaba la poca atención que se les prestaría. Pero los pretendientes iban contentos, creyendo haber sido escuchados.

Don Juan vio con satisfacción que no había mujeres jóvenes y bonitas, pues ya sabía por experiencia que ésas tardan más en salir de los despachos de los ministros y de los subsecretarios.

Desde el gabinete cercano llegaban las conversaciones de los escribientes, que abrían y comentaban la correspondencia del jefe. La gran antesala, alta de techo y poco guarnecida de muebles, tenía algo de solemne; todos hablaban en voz baja, y los desconocidos se miraban unos á otros con recelo. De vez en cuando se apartaba el portero, y un nuevo visitante se detenía deslumbrado junto á la puerta, buscando una orientación entre todas aquellas gentes que esperaban.

Algunos jefes de negociado, con la cabeza descubierta, paso ligero y el legajo de papeles debajo del brazo, entraban y salían del despacho del  subsecretario, causando la envidia de los atormentados por larga espera.

Don Juan lo contemplaba todo. En el estado de su espíritu veía lo ridículo, lo cómico, lo vano de toda aquella farsa de egoísmos, luchas y miserias. Sin duda acababa también de morir en su alma la ambición, y veía claro la insignificancia de lo que antes le parecía grande.
Una señora, sentada en el otro extremo del sofá, atrajo al cabo su atención. Llevaba un traje color marrón y una capota violeta sobre los cabellos blancos, blancos como la nieve del jardín. Sostenía con trabajo el corsé un cuerpo flácido, de pecho hundido, al que no se ceñía la floja tela de su traje; la carita arrugada, color tabaco seco; sumida la desdentada boca; en punta la barbilla y tallado en nervios el cuello.

Aquella anciana tenía para don Juan un extraño encanto. ¿Por qué? Acaso por la plata de los cabellos, sobre los que parecía un pensamiento temprano la gorrita violeta... Acaso por los ojos claros, dulces, tranquilos, que brillaban juveniles dentro de las hundidas órbitas sin pestañas. Le parecía conocer la caricia de una mirada semejante...

—¡Doña Alicia Moreno!—dijo el portero mayor, llamando á la anciana, que se dirigió con paso vacilante al despacho del subsecretario.

¡Alicia Moreno! ¡Alicia Moreno! ¿Había oído bien? Trémulo, formuló don Juan su pregunta al portero:

 —¿Quién es esa señora? 

—Doña Alicia Moreno, directora de la escuela de Ávila.

 ¡Oh! ¡Era ella! ¡No cabía duda! Entonces pensó por vez primera en las transformaciones de los años desaparecidos. ¡Sus existencias de jóvenes habían pasado hasta el punto de no conocerse! Y sintió una amargura, una amargura infinita, al perder la  visión de aquel rostro juvenil y fresco, para sustituirlo con la imagen de la anciana de los cabellos blancos. ¡Imposible! Alicia seguiría viviendo joven en sus recuerdos; la anciana no tenía nada de común con ella. Entonces, con temor supersticioso, se explicó el pertinaz recuerdo de antes hacia aquella mujer que se le acercaba. ¿Le recordaría ella también? Evocó la caricia de los ojos claros, la misteriosa simpatía que les aproximaba, y por un momento pensó en los últimos días de una vejez dulce, con las remembranzas desqueridas memorias... Sí; al salir Alicia de aquel despacho, la seguiría, le pediría perdón... En su memoria se confundían de nuevo, bajo la mirada clara, la Alicia de cabellos blancos y la Alicia de cabellos rubios. Se entreabrió la puerta y apareció entre las cortinas la curva silueta de la anciana.

—¡Señora!...—murmuró don Juan aproximándose. Se detuvo ella, y miró tranquila, esperando.

 Él no hallaba qué decir. ¡No le conocía! ¡Sin duda, ella guardaba otra imagen de juventud!

—¡Caballero!...—repuso al fin una voz cascada, extrañando aquel largo silencio.

—Este pañuelo, ¿es de usted?—preguntó el senador, recogiendo el suyo del sofá.

—No, señor.

—Creí.. .—tartamudeó.

—¡Gracias!

—¡'No me ha reconocido!—exclamó él viéndola alejarse lentamente. ¡Más vale así! Es preferible que no conozca el dolor de ver morir en el alma una imagen de juventud y amor acariciada tanto tiempo... ¡Para ella, al menos, vivirá el recuerdo!

Y se limpió apresuradamente los ojos con el pañuelo, mientras guardaba con la otra mano en el bolsillo los empañados lentes, para entrar en el despacho del subsecretario, que llamaba obsequioso desde la puerta:

—¡Mi querido don Juan!...