domingo, 28 de abril de 2019

UNA FIESTA

DEL CORAZÓN Y OTROS PAISAJES
José Rodríguez Infantes

Una fiesta fue asistir a la presentación del último libro de nuestro compañero  Pepe, "Del corazón y otros paisajes",  tríptico de versos en los que el amor es el protagonista principal: amor de hombre, amor de padre, amor por la naturaleza.

La velada transcurrió entre palabras bellas, emociones y fallos electrónicos que pusieron la nota divertida.
Arropado por familiares y amigos, nuestro compañero, una vez más, nos mostró su capacidad para poner negro sobre blanco, los recovecos de su alma de poeta.




DÍA DEL LIBRO



Celebramos el Día del Libro de la mejor manera posible: regalándonos libros a través del Amigo Invisible






JESÚS CARRASCO


Jesús Carrasco. Foto: Raquel Torres.
 Foto: Elena Blanco


Nació en Olivenza (Badajoz), en 1972, aunque pronto se trasladó al pueblo toledano de Torrijos, donde su padre ejerció como maestro. 
Se licenció en Educación Física, aunque, desde 2005 en que trasladó a Sevilla, derivó su actividad profesional,  hacia la publicidad, ejerciendo como redactor para varias empresas, compaginándola con la escritura .
En 2013, publica su primera novela, Intemperie, que fue elegida como Mejor Libro del Año por el Gremio de Libreros de Madrid,  traducida a siete idiomas, convertida en cómic y de la que se está realizando la película que la adaptará, dirigida por Benito Zambrano  y que está previsto que se estrene en noviembre de 2019.  
En 2016 vio la luz su segunda novela, La tierra que pisamos, una historia alternativa en la que el autor indaga en la capacidad de resistencia del ser humano, la empatía y el amor. por la que obtuvo el Premio de Literatura de la Unión Europea
Es el mayor representante de una nueva corriente literaria, el neorruralismo, en el que el torno rural lo domina todo y las ciudades, que durante las tres  últimas décadas habían sido el escenario preferido por los escritores/as, pierden importancia y quedan en segundo plano.


Comentarios sobre Intemperie, en la página LEO, LEES, LEEMOS...


ENCUENTRO CON EL CLUB DE LECTURA DE SANTIPONCE








Para comentar el libro UN SUEÑO DE LIBERTAD
sobre Mercedes de Velilla,
nos reunimos con el Club de Lectura de Santiponce, en una jornada especial.




 


miércoles, 27 de marzo de 2019

DÍA MUNDIAL DEL TEATRO



En el Museo Nacional del Teatro de Almagro, la actriz Carmen Machi, ha leído el Manifiesto del Día del Teatro, 2019, cuyo autor es el director de escena, dramaturgo, educador teatral y profesor cubano Carlos Celdrán.
 "Antes de mi despertar en el teatro, mis maestros ya estaban allí. Habían construido sus casas y sus poéticas sobre los restos de sus propias vidas. Muchos de ellos no son conocidos o apenas se les recuerda: trabajaron desde el silencio, desde la humildad de sus salones de ensayo y de sus salas llenas de espectadores y, lentamente, tras años de trabajo y logros extraordinarios, fueron dejando su sitio y desparecieron. Cuando entendí que mi oficio y mi destino personal sería seguir sus pasos, entendí también que heredaba de ellos esa tradición desgarradora y única de vivir el presente sin otra expectativa que alcanzar la transparencia de un momento irrepetible. Un momento de encuentro con el otro en la oscuridad de un teatro, sin más protección que la verdad de un gesto, de una palabra reveladora.

Mi país teatral son esos momentos de encuentro con los espectadores que llegan noche a noche a nuestra sala, desde los rincones más  inverosímiles de mi ciudad, para acompañarnos y compartir unas horas, unos minutos. Con esos momentos únicos construyo mi vida, dejo de ser yo, de sufrir por mí mismo y renazco y entiendo el significado del oficio de hacer teatro: vivir instantes de pura verdad efímera, donde sabemos que lo que decimos y hacemos, allí, bajo la luz de la escena, es cierto y refleja lo más profundo y lo más personal de nosotros. Mi país teatral, el mío y el de mis actores, es un país tejido por esos momentos donde dejamos atrás las máscaras, la retórica, el miedo a ser quienes somos, y nos damos las manos en la oscuridad.
La tradición del teatro es horizontal. No hay quien pueda afirmar que el teatro está en algún centro del mundo, en alguna ciudad o edificio privilegiado. El teatro, como yo lo he recibido, se extiende por una geografía invisible que mezcla las vidas de quienes lo hacen y la artesanía teatral en un mismo gesto unificador. Todos los maestros de teatro mueren con sus momentos de lucidez y de belleza irrepetibles, todos desaparecen del mismo modo sin dejar otra trascendencia que los ampare y los haga ilustres. Los maestros de teatro lo saben, no vale ningún reconocimiento ante esta certeza que es la raíz de nuestro trabajo: crear momentos de verdad, de ambigüedad, de fuerza, de libertad en la mayor de las precariedades. No sobrevivirán de ellos sino datos o registros de sus trabajos en vídeos y fotos que recogerán solo una pálida idea de lo que hicieron. Pero siempre faltará en esos registros la respuesta silenciosa del público que entiende en un instante que lo que allí pasa no puede ser traducido ni encontrado fuera, que la verdad que allí comparte es una experiencia de vida, por segundos más diáfana que la vida misma.Cuando entendí que el teatro era un país en sí mismo, un gran territorio que abarca el mundo entero, nació en mí una decisión que también es una libertad: no tienes que alejarte ni moverte de donde te encuentras, no tienes que correr ni desplazarte. 
Allí donde existes está el público. Allí están los compañeros que necesitas a tu lado. Allá, fuera de tu casa, tienes toda la realidad diaria, opaca e impenetrable. Trabajas entonces desde esa inmovilidad aparente para construir el mayor de los viajes, para repetir la Odisea, el viaje de los argonautas: eres un viajero inmóvil que no para de acelerar la densidad y la rigidez de tu mundo real. Tu viaje es hacia el instante, hacia el momento, hacia el encuentro irrepetible frente a tus semejantes. Tu viaje es hacia ellos, hacia su corazón, hacia su subjetividad. Viajas por dentro de ellos, de sus emociones, de sus recuerdos que despiertas y movilizas. Tu viaje es vertiginoso y nadie puede medirlo ni callarlo. Tampoco nadie lo podrá reconocer en su justa medida, es un viaje a través del imaginario de tu gente, una semilla que se siembra en la más remota de las tierras: la conciencia cívica, ética y humana de tus espectadores. Por ello, no me muevo, continúo en mi casa, entre mis allegados, en aparente quietud, trabajando día y noche, porque tengo el secreto de la velocidad.

Carlos Celdrán
Nacido en La Habana, el 22 de septiembre de 1963, fue graduado de honor en la especialidad de Teatrología y Dramaturgia del Instituto Superior de Arte de Cuba.
CarlosCeldránrectif.jpgDestacado dramaturgo, director teatral y pedagogo. Es director artístico y general de Argos Teatro, grupo que funda en 1997. Actual Presidente del Centro Nacional del ITI en Cuba ( Instituto Internacional de Teatro). Cursó estudios de Dramaturgia en el Instituto Superior de Arte y se graduó en 1985 con la obra Catálogo de señales.
                                                                             (Datos y fotografía, EcuRed)




domingo, 24 de marzo de 2019

NUEVO ENCUENTRO CON AURORA DELGADO

                  
 Por segunda vez, Aurora Delgado nos visitó para intercambiar opiniones sobre su segunda novela.

 Aurora Delgado, escritora sevillana afiliada a la ONCE, publicó su primera novela en 2014 “El Corazón de Livingstone,” con la que obtuvo el Premio Alcalá de Henares de narrativa.

Curva, su segunda novela, fue finalista en la 73 edición de los premios Nadal. Le gusta escribir sobre lo que le resulta inquietante,es valiente y se crece ante la adversidad.  Dicen de ella que cada palabra, cada imagen suya es una provocación a nuestra mente, para entender el mundo que nos rodea, porque la novela nos habla de este tiempo……de lo que nos duele. 

El encuentro con Aurora resultó agradable 
por lo que todo el grupo quiso participar, conocimos a una persona tranquila, luchadora y comunicativa amenizando el encuentro.

         Estrella Manzano






Comentarios al libro "Curva", en la página Leo, lees, leemos..."
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jueves, 28 de febrero de 2019

"ANDALUCÍA ES MI TIERRA: YO SOY DEL SUR"


En el "Día de Andalucía", me gustaría recomendar el libro de Juan Eslava Galán, Viaje por el Guadalquivir y su historia, en el que nos invita a realizar un viaje extraordinario por nuestro río grande y los acontecimientos que, durante tres milenios, han ido sucediendo en sus cercanías.

"Los lectores y amigos que me siguen habrán notado que mis intereses dominantes son la historia, especialmente la de la gente corriente que no parece hacer historia; la arqueología, en su capacidad de iluminar la vida de esa gente corriente, y el misterio en su más amplia acepción, que abarca desde las creencias de la Humanidad (religión, mitos) hasta la sima insondable que es el alma humana, nunca suficientemente explicada. Quizá leemos o escribimos para conocernos o comprendernos, no lo sé..."
                                                               
                                                                                                  (Juan Eslava Galán)



CAPÍTULO 1 

QUE TRATA DEL DESCUBRIMIENTO DEL GUADALQUIVIR 

Hace algunos años asistí a una charla sobre los descubrimientos de miembros de la Royal Geographical Society en África. Por los labios del erudito conferenciante desfilaban lagos, ríos, montañas, cordilleras, desiertos descubiertos por este o aquel explorador en tal año y en tales circunstancias. No le quedó un rincón del continente africano por descubrir. En el turno del público un estudiante negro, o subsahariano como ahora se dice, levantó la mano y dijo:

—Quisiera precisar, en el mismo orden de cosas, que mi bisabuelo Mnomgo descubrió el puente de Londres en 1896.

 En la intervención del bantú había, como se ve, una crítica a la tradición eurocéntrica de la Historia, la misma que nos permite afirmar que Colón descubrió América el 12 de octubre de 1492 y Vasco Núñez de Balboa el Océano Pacífico el 25 de septiembre de 1513. 

Incidiendo en el mismo pecado eurocéntrico, del que, a nuestro juicio, no hay por qué arrepentirse, nos preguntamos: ¿cuándo y quién descubrió el Guadalquivir?

Al igual que América y que el océano Pacífico, el Guadalquivir existía desde la formación de la Tierra o, si queremos ser precisos, desde que se creó la depresión bética en el Neógeno (entre fines del periodo terciario y a lo largo del cuaternario). 

Al igual que América y que el Pacífico, las riberas del Guadalquivir estaban pobladas por indígenas más o menos felices, pero ¿quién y cuándo colocó en la Historia al río grande (يداولا ريبكلا al-wādi al-kabīr)? 

Dicho de otro modo, ¿quién lo mencionó por primera vez y legó el conocimiento de su existencia a las generaciones posteriores, a nosotros, a usted que lee y a este que escribe? 

No tenemos una fecha ni un nombre a los que podamos acudir con absoluta certeza, pero seguramente no andamos muy alejados de la verdad si decimos que al Guadalquivir debieron descubrirlo los fenicios en torno al año 1000 antes de nuestra era, quizá en competencia con los micénicos.

Fenicios fueron, en efecto, los primeros exploradores históricos que llegaron al sur de Andalucía, y como venían en busca de metales y eran excelentes navegantes hay que concluir que remontarían el Guadalquivir, que es un río además de navegable de raíces argénteas, o dicho más llanamente, que en su nacimiento abunda la plata (y otros metales). No obstante, con ser los inventores del alfabeto, los fenicios no dejaron ningún testimonio de ese descubrimiento que haya llegado  hasta nosotros (los romanos destruyeron casi todo lo que les olía a púnico).

 Las primeras noticias históricas de la existencia del Guadalquivir corresponden a sus competidores los griegos, que unos tres siglos después se apropiaron del mérito de haber descubierto aquellas tierras. 

Cuenta el historiador Heródoto que un mercader jonio llamado Coleo de Samos, que hacía la ruta entre Grecia y Egipto, se vio sorprendido por una borrasca. Durante seis días con sus noches la frágil nave estuvo a merced de los vientos afeliotas. Cuando la tormenta amainó, Coleo descubrió con asombro que habían rebasado las Columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar), las dos montañas que señalaban los confines del mundo. 

Acabamos de decir que los fenicios precedieron a los griegos en la exploración de estos confines. Seguramente ellos erigieron un templo a su dios Melkart en el estrecho de Gibraltar, en el que realizaban sacrificios propiciatorios para asegurarse una feliz navegación. Los dos pilares de bronce, de unos ocho metros de altura, que solían franquear la entrada de los templos fenicios (por influencia de los pilonos de los templos egipcios),son las que más tarde darían lugar a la denominación «Columnas de Melkart» que los griegos transformaron en «Columnas de Hércules». 

Las Columnas de Hércules eran Calpe (actual Gibraltar) y Abila (actual monte Musa, en Marruecos). Los griegos creían que África y Europa habían estado unidas por una cordillera hasta que su héroe Hércules, famoso por su fuerza y por sus trabajos, separó estas montañas permitiendo que las aguas del océano irrumpieran en la cuenca que hoy conocemos como mar Mediterráneo (Pomponio Mela, Corografía, 15, 27). Como casi siempre, el mito y la poesía se adelantan a la ciencia porque, en efecto, «en su formación, el valle del Guadalquivir es un territorio liberado tectónicamente de África, regalo de las fuerzas telúricas a Europa».

¿Qué había venido a hacer Hércules en este confín del mundo?

Hércules, temprano practicante de la violencia de género, había asesinado en un pronto a su esposa, a dos de sus hijos y a dos sobrinos. Cinco muertos en una tacada. Como penitencia por tan horrible crimen, la sibila de Delfos, una adivina a la que los griegos acudían para conocer el futuro y la voluntad de los dioses, lo condenó a realizar los doce trabajos que le encomendara Euristeo, su peor enemigo.

 Hércules peregrinó al ignoto Occidente para realizar dos de esos trabajos: robar los bueyes de Gerión y sustraer las manzanas doradas del Jardín de las Hespérides, que aseguraban la inmortalidad a su poseedor. Dos empresas nada fáciles porque Gerión era un gigante con tres cuerpos que resultó complicado de matar y las manzanas estaban vigiladas por tres ninfas celosas y un diligente dragón.

 Regresemos a Coleo de Samos, al que dejamos perplejo frente a la costa andaluza, contemplando aquella invitadora franja verde y arbolada, con playas de doradas arenas bajo un limpio cielo azul. En alguna parte de aquella costa estaba el jardín de las manzanas doradas, o sea, la inmortalidad, pero, por otra parte, para llegar a él había que arrostrar el peligro de enfrentarse con gigantes como Gerión y con el temible dragón que vigilaba el huerto. 

Ambicioso pero cauto, aquí tenemos a Coleo indeciso entre regresar a su mundo cotidiano, el griego, o arriesgarse a explorar este mundo nuevo  que hasta ese momento solo existía en el mito. 

Quizá la necesidad pudo más que la tentación. Una nave tan baqueteada por la tormenta necesitaba reparaciones, y su tripulación agua y descanso. Coleo decidió desembarcar en la tierra ignota.

Imaginemos una trirreme griega embarrancando en una playa de finas arenas doradas. Para sorpresa de Coleo aquella tierra está poblada por unos nativos hospitalarios e ingenuos que a cambio de la pacotilla griega que lleva a bordo le llenan la bodega de plata, cobre y estaño. Imaginemos la escena  tantas tantas veces repetida a lo largo de la historia: el ávido mercader pregunta al indígena por la procedencia de la preciada mercadería y el indígena le indica por se ñas un lugar tierra adentro al tiempo que pronuncia la mágica palabra: Tarteso, como suena en griego (Τάρτησσος)), o Tarshish (תַּרְשִׁשי) como suena en el hebreo de la Biblia.8 ¿Qué era Tarteso? Probablemente un reino de imprecisos límites sucesor de las culturas megalítica y argárica florecidas en la zona. Si ese reino se articulaba en torno al Guadalquivir, como parece, es razonable suponer que ese fuera el nombre del río.